domingo, 26 de enero de 2014

Wilt, de Tom Sharpe

Esta es una novela que llevaba más de una década cogiendo polvo en mis estanterías -en la etiqueta, el precio está en pesetas-, y que ha tenido que esperar a una convalescencia para que me decidiese a ir a por ella. Wilt es desde luego una novela lo suficientemente conocida como para necesitar que la presente mucho o hable demasiado de su argumento, así que básicamente comentaré algunas de mis impresiones de lectura.

El humor de Sharpe -al menos en Wilt- es desde luego un humor mucho más directo y negro de lo cabría esperar si uno se acerca a esta novela teniendo en mente la idea del humor británico al uso. Wilt narra la alocada historia de Henry Wilt, acusado del asesinato de su esposa: asesinato con que, si bien no lo ha cometido, ha fantaseado en numerosas ocasiones. En esencia, la novela es una matrimoniada de Noche de fiesta dirigida por Todd Solondz -y, por si alguien duda, esto es un elogio-. Los tópicos sobre los roles matrimoniales y la guerra de sexos están presentes y fuertemente caricaturizados: el marido visto por su mujer como un fracasado profesional y un incompetente sexual, la esposa dibujada como una histérica y boba ama de casa, siempre encandilada por la última novedad new age que llegue a sus oídos. En este sentido, Wilt no es desde luego una novela que pasaría el filtro de lo políticamente correcto en cuanto a las relaciones entre sexos. Además, la relación se plantea en unos términos de violencia -aunque solo sea verbal e imaginada-, que en ocasiones -y esto creo que también es un mérito de la obra- nos sitúa, como lectores en un lugar incómodo, entre el deseo de reír y la (mala) conciencia de convertirnos en cómplices de una violencia en gran medida gratuita.

En un momento dado, la matrimoniada deja paso a una especie de relato policial en torno a un asesinato nunca cometido: el de la mujer de Wilt por parte de este. Sin lugar a dudas, los descacharrantes interrogatorios del inspector Flint y su diálogo de besugos con Henry Wilt resultan de lo mejorcito de la novela. Sharpe consigue incluso crear un suspense bien real en la novela, a través del relato paralelo sobre la desaparición de la señora Wilt, de cuya reaparición depende que Wilt pueda convencer a la policía de que él no la ha matado. En este sentido, me reafirmo en la opinión de que, aun siendo sin duda un gran artefacto cómico, la novela funciona perfectamente como narración.

Mención aparte, y destacada, merece la sátira sobre el mundo de la docencia -Wilt es profesor de Humanidades en una especie de instituto de formación profesional para aprendices de carniceros, yeseros, instaladores de gas, etc.-, que ofrece una imagen descarnada de las relaciones de poder en el seno del profesorado y de la imposibilidad de comunicación con los alumnos. Los movimientos contraculturales característicos de los 60 y 70 -la primera edición de la novela es del 76- son otro de los blancos de la mordacidad del autor. Con un buen equilibrio entre el humor de situaciones y el que se desprende de los equóvocos y otros juegos de palabras, Wilt es un ejercicio de inteligencia más que recomendable en estos tiempos que vivimos.

4 comentarios:

  1. Ahora ya sé cual va a ser una de mis próximas lecturas.

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  2. Me alegro de que te haya interesado ;-)

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  3. Wilt me encantó, me pareció histriónico, crítico, divertido y mordaz
    Vamos, que me gustó muchísimo
    Besos

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    Respuestas
    1. Sí, para mí ha sido también una lectura muy agradable. No tardaré en acercarme a alguno de los demás libros de la "saga".

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